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¿Tiene el entrenador una función educativa?

La acción de educar no se realiza necesariamente de forma consciente. Uno puede educar de manera activa o de manera pasiva. Todo educa. La familia, los amigos, los vecinos, los profesores, los entrenadores, la televisión, la música…

La repetición constante de que «la educación se recibe en casa» o «yo no educo, eso lo hacen los padres«, lleva extendida años entre los profesionales que trabajan con niños y niñas. No sólo se escuchan estas cosas en los entrenadores sino que pasa también en los profesores. Posiblemente utilicemos ese discurso como un medio para eludir la responsabilidad que nos corresponde como ciudadanos, y no solo como entrenadores. Nos lavamos las manos y vivimos más tranquilos. 

Creo que no somos del todo conscientes del poder que tenemos. Para los niños su entrenador es un ejemplo a seguir. En muchos casos, incluso, la palabra del entrenador tiene más credibilidad para el niño que la palabra de su padre. Lo mismo pasa en las escuelas, «¿nosotros en casa por qué no reciclamos? El profe dijo que era importante«, y cuestionan lo que se hace en su casa.

Pero no solo se educa de manera activa y consciente. El problema es desconocer la posibilidad de educar de manera pasiva e inconsciente.

Vuelvo al primer párrafo. Todo educa. Absolutamente todo. Cuando yo voy por la calle y cruzo en rojo, estoy educando a ese niño que queda esperando con su padre a que el semáforo se ponga en verde, le estoy dando a entender que esa norma que su padre le dice es, como mínimo, voluntaria. Cuando mis amigos, con dieciséis años, empiezan a fumar y a beber, me están educando en el consumo y por eso muchos adolescentes empiezan a beber y a fumar pese a tener discursos contrarios en su casa. Cuando mi profesor a las diez de la mañana me habla de hábitos saludables me está educando de manera activa, cuando a las siete de la tarde lo veo fumando en la calle lo está haciendo de manera pasiva. Cuando en la discoteca suenan constantemente canciones de reggaeton denigrando a la mujer, sus letras están calando en la mente de la gente y están educando. Cuando por la calle escupo o tiro papeles al suelo delante de niños estoy educando.

 

 

Podemos hacer una lista interminable de cosas que educan o maleducan y tú puedes mirar para otro lado si con ello vas a dormir más tranquilo. Si te gusta cruzar en rojo y tirar papeles al suelo delante de niños, entonces sí, mejor engáñate y niega que tus actos educan porque al menos no tendrás remordimientos.

 

Una mentira repetida mil veces no se convierte en verdad pero sí ayuda a que se extienda como veraz. Porque lo siento, de verdad que sí, pero siento comunicarte que tú como entrenador educas. Quizás no te guste y eso sea aceptable, pero debes saber que educas. Quieras o no. De manera activa o pasiva. Cuando protestas al árbitro constantemente estás educando en la protesta. Cuando al bueno lo animas y al malo le recriminas estás educando en la diferencia. Cuando llegas fumando al entrenamiento y te vas de la misma forma estás educando en normalizar el tabaco, que es una droga. Cuando de cada diez palabras que dices tres son palabrotas, estás educando. Cuando te diriges a tus jugadores a base de gritos estás educando en el miedo y en el autoritarismo.

De verdad que lo siento porque sé que tú vivías mucho mejor pensando que no era así, pensando que no tenías ningún tipo de incidencia en el desarrollo de los niños que tienes contigo pero, quieras o no, esa incidencia la tienes desde el momento en el que pasan varias horas a la semana a tu lado.

A mí también me gustaría que muchos entrenadores no tuviesen la capacidad de educar. Mejor no educar que maleducar. Lamentablemente no podemos elegirlo. Lo que sí podemos hacer es esto, avisar a los que maleducan de que, aunque ellos no quieran, están maleducando.
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